Pero al año siguiente fui yo el que cambió de escuela. Sentí que perdía un pedazo de alma muy grande y aunque no supe distinguir muy bien en que parte de mi ser era, me dolía mucho. Pero los niños nos solemos distraer con facilidad, sin embargo su recuerdo quedó atrapado entre las hojas de mi cuaderno de tercero de primaria.
Un día, años después viendo el atardecer recordé el color de sus ojos de manera intempestiva, tal vez porque alguien en la calle había dicho su nombre o porque en el cielo las nubes habían dibujado sus ojos, me acordé de su casa, me acordé de su sonrisa, me acordé de su cabello castaño ensortijado, me acordé de su manera de hablar, me acordé de como me miraba, me acordé de que me gustaba tanto verla, me acordé que lo único bueno de la escuela era ella.
Ha de ser una mujer guapa ahora, debe de tener unos 20 años y ¿tendrá novio?, ¿se acordará aún de mí?, entonces volví a su casa, la tenía en la memoria y en la garganta un nudo con su nombre. Toque esa misma puerta que tocaba de niño cuándo tenía mas pretextos para ir a buscarla. Salió alguien ya no recuerdo quien y me dijo: ella ya no vive aquí desde hace mucho tiempo, pero a veces viene a visitar, aunque nunca se sabe cuándo. Tuve que olvidarla para siempre resignado a nunca volverla a ver.
Pero el nunca no existe y siempre es uno el que se equivoca. Una amiga en común me la mencionó trece años después y la volví a recordar. Claro ahora las cosas eran distintas, ha de ser una mujer con una familia como yo y la mía. Casada con feliz esposo y bellos bebés, esta vez no me recordaría.
Pero si se acordó. Me dieron su número y la llamé. Quedamos en vernos en una esquina y nos encontramos en la acera, la vi y la abracé. Me abrazó, pasaron los años en tres segundos. Nos fuimos a tomar un café.
Si seguía bella como la recordaba, pero más mujer, con la mirada impetuosa como solía ser ella, pero con la vida escrita en las pupilas. Nos sentamos a charlar, su vida personal llena de altibajos, pero supo como salir. De mí nada que importara en esta historia.
Nos despedimos con la promesa de una pronta visita. Me pregunto pasaran mas años o será el final de una historia. La vida me ha enseñado que nunca y siempre son palabras que se sueltan muy a la ligera.