
Soy un hombre común cuyo defecto principal
fue el no haberlo admitido.
Soy un hombre común con comunes amigos,
comunes días y comunes penas
que todos de seguro han de padecer.
Soy un hombre común que esperaba una carta
con una respuesta común,
y cuya respuesta en resumen
tendría que decir simplemente: !Que no!
Pero la carta no llegaba, no llegaba y
la verdad yo no quería que llegase.
Y precisamente cuando ya estaba seguro
de que no llegaría,
ésta llegó.
Lo que me apena no es la respuesta en sí
pues yo esperaba que me dijeran que nó.
El problema es que finalmente me había creído lo contrario.
Yo hice una invitación y todo parecía indicar pese a mi completa
incredubilidad de que esta amistad me vendría a visitar.
y en el día mismo para lo cual fue hecha la invitación me llegó la respuesta
de que no podría asistir.
Una pena enorme me invadió y me consolé con el argumento de esa carta,
del cual no dudé, ni lo haría tampoco.
Entonces respiré muy hondo y encontré muchas otras cartas
confirmando la asistencia de mis otros comunes amigos,
fue cuándo me dí cuenta de que pese a que no tengo ninguna habilidad
con ningún instrumento musical, ni se recitar a poetas distinguidos,
ni conozco lo suficiente del mundo como para entrener los oidos de nadie.
Estaba yo rodeado de amigos que dejarían de ser comunes y me darían
un abrazo hoy en este día en el cual cumplo años.
Y me prepararé para ser un buen anfitrión en este día tan común
y que gracias a mis amigos dejaré de ser hoy
como no, alguien común.